Hoy me he enterado de la muerte de un compañero del colegio, de mi edad. No tenía relación directa con él desde hace años, pero teníamos amigos comunes. Acababa de cumplir los cincuenta, y a mí me faltan ya menos de seis meses.
La parte buena es que fué bastante rápido. Sólo seis meses desde el diagnóstico hasta el fin. La parte mala es que, quizás, tenía una interesante vida por delante, o quizás no. Ni él, ni yo, lo sabremos nunca.
Desde mi perspectiva, seis meses es bastante tiempo, pero no demasiado. Yo prefería seis días, a tiempo de despedirme de la gente que quiero, que no son tantos, pero sí muy queridos, y que sois todos vosotros. Seis horas sería demasiado apresurado y me crearía una ansiedad que no quiero tener en ese momento.
Hoy he estado pensando en qué pensaría hace seis meses cuando le dieron el plazo establecido para su vida. Y en qué pensaría yo en esa misma situación, que por otra parte, es en la que estoy, aunque nadie me haya firmado en un informe médico.
Y esa reflexión me ha llevado a confirmar el objeto de este blog, que es el de transitar tranquilamente por este periodo, sin más. Morir es sólo el fin de un proyecto de vida. Por lo menos, hay que hacer un buen cierre de proyecto y cumplir plazos.
En todo caso, la noticia de la muerte de mi compañero de colegio ha supuesto otro grado menos de mi temperatura de vida.
Buenas noches y buena suerte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario