Cada día aparento más lo que no quiero que los demás sientan que siento. Es decir, cada día me siento una persona más falsa. Yo diría una peor persona.
Me fastidia mucho esta situación. Nunca me he sentido, ni creo que haya actuado como mala persona en mi vida.
Creo, o estoy casi seguro, que profesionalmente nunca lo he hecho. Y en el plano personal y familiar no tengo ninguna duda.
Y ahora, me siento mal. Me de la sensación de que estoy escondiendome a mi mismo a los demás, sobre todo a los más próximos. Por miedo a su rechazo o a que no lo comprendan. O qué no quieran entender que me quedan tres meses y que no quiera decirlselo más claro para que ellos no se preocupen.
Ya he perdido alguna amiga. Y tal como lo estoy haciendo, perderé al resto pronto, amigos y amigas. Y luego a la familia, que será lo más duro. Pero eso es mejor a la opción de que sufran más adelante.
Si cuando esto acabe ya nadie me quiere, tampoco nadie me extrañará después. Y yo tendré una carga menos que soportar.
Hoy no me siento con fuerzas para decir buenas noches, sobre todo, porque está a punto de nevar, y tengo frío.
Y lo peor es el frío que siento dentro de mí
miércoles, 27 de febrero de 2013
martes, 26 de febrero de 2013
Cuanto más optimismo aparento, más triste me siento.
Es muy fácil encerrarte en tí mismo y darte vueltas a tu alma hasta que la aprietas tanto que la ahogas. Sobre todo si te ayuda el entorno. En un mes son tres personas conocidas de mi edad las que han muerto y a dos más le han diagnosticado un cáncer.
No es miedo a morir, que es lo que menos me importa. Es la pérdida de cobertura. De entorno. Parece que todo está ligado. Decaes físicamente y también emocionalmente. Necesitas cada vez más sentimientos intensos y encuentras más vacío alrededor.
Te refugias en tí mismo y te ves más vacío. Tu alma está ya estrangulada.
Y con un cuerpo maltrecho y un alma moribunda, caminas por la calle con la sonrisa cada vez más forzada, sabiendo que, antes o después, alguien se dará cuenta y descubrirá tu decrepitud, y que no podrás soportarlo.
La única esperanza es que no sea mañana, si no al menos, unos días más tarde.
Es muy fácil encerrarte en tí mismo y darte vueltas a tu alma hasta que la aprietas tanto que la ahogas. Sobre todo si te ayuda el entorno. En un mes son tres personas conocidas de mi edad las que han muerto y a dos más le han diagnosticado un cáncer.
No es miedo a morir, que es lo que menos me importa. Es la pérdida de cobertura. De entorno. Parece que todo está ligado. Decaes físicamente y también emocionalmente. Necesitas cada vez más sentimientos intensos y encuentras más vacío alrededor.
Te refugias en tí mismo y te ves más vacío. Tu alma está ya estrangulada.
Y con un cuerpo maltrecho y un alma moribunda, caminas por la calle con la sonrisa cada vez más forzada, sabiendo que, antes o después, alguien se dará cuenta y descubrirá tu decrepitud, y que no podrás soportarlo.
La única esperanza es que no sea mañana, si no al menos, unos días más tarde.
domingo, 17 de febrero de 2013
He hecho un último intento hoy por arreglar una cosa importante personalmente y que me quita el sueño. Como esperaba, no ha funcionado. Ya estoy definitivamente solo. Sólo pienso en como será el final, y sobre todo, en cuando.
Mantengo, con mejor habilidad que nunca, mi apariencia más optimista. Nadie debe saber como me siento. Bueno, no es cierto. Hay sólo una persona que lo sabe, pero es la única persona que no lo quiere saber. Y hay otra que lo sospecha, pero no quiere tampoco oírlo, así que no se lo puedo decir.
Para los demás, estoy alegre y contento. Hoy hasta he ganado una brillante partida de ajedrez. Y oficialmente, estoy haciendo muchos planes de futuro. De un futuro que sé que no es para mí. Engaño a todos mientras me engaño a mi mismo.
El problema principal es que no sé la fecha. No sé cuando todo va a fallar de una vez. Sólo sé que será pronto. Más que saberlo, lo siento. Pero el sentimiento es difuso, y no permite ver una fecha en el calendario.
Y eso es desagradable. Esa indefinición me deja un mal gusto en el estómago. Una ansiedad. Y una sensación de que cuando llegue el momento, no podré dejar las cosas arregladas y despedirme de todos vosotros.
Me doi cuenta de lo ridículo de este blog. Seguro que no podré enviaroslo a tiempo.
Me río de mí estupidez al tiempo que os deseo buenas noches.
Mantengo, con mejor habilidad que nunca, mi apariencia más optimista. Nadie debe saber como me siento. Bueno, no es cierto. Hay sólo una persona que lo sabe, pero es la única persona que no lo quiere saber. Y hay otra que lo sospecha, pero no quiere tampoco oírlo, así que no se lo puedo decir.
Para los demás, estoy alegre y contento. Hoy hasta he ganado una brillante partida de ajedrez. Y oficialmente, estoy haciendo muchos planes de futuro. De un futuro que sé que no es para mí. Engaño a todos mientras me engaño a mi mismo.
El problema principal es que no sé la fecha. No sé cuando todo va a fallar de una vez. Sólo sé que será pronto. Más que saberlo, lo siento. Pero el sentimiento es difuso, y no permite ver una fecha en el calendario.
Y eso es desagradable. Esa indefinición me deja un mal gusto en el estómago. Una ansiedad. Y una sensación de que cuando llegue el momento, no podré dejar las cosas arregladas y despedirme de todos vosotros.
Me doi cuenta de lo ridículo de este blog. Seguro que no podré enviaroslo a tiempo.
Me río de mí estupidez al tiempo que os deseo buenas noches.
sábado, 16 de febrero de 2013
Mis ilusiones mueren día a día.
Ya no sé qué más hacer. No tengo respuestas, y, lo que es peor, ya se me acabaron las preguntas. Cada vez me siento más sólo. Cada vez más olvidado. El último hachazo (del que hablaba ayer) ha sido muy duro y me ha partido por la mitad.
Espero uno nuevo esta semana. Y puede ser el último que soporte.
Buenas noches. Ya no puedo añadir nada más.
Ya no sé qué más hacer. No tengo respuestas, y, lo que es peor, ya se me acabaron las preguntas. Cada vez me siento más sólo. Cada vez más olvidado. El último hachazo (del que hablaba ayer) ha sido muy duro y me ha partido por la mitad.
Espero uno nuevo esta semana. Y puede ser el último que soporte.
Buenas noches. Ya no puedo añadir nada más.
viernes, 15 de febrero de 2013
Hoy acabo de desnudar mi conciencia con un correo a la última ilusión que tengo, y que, por supuesto, no me ha contestado. No esperaba menos, ni tampoco más. Pero creo que esta vez va a descontar muchos grados de vida, quizás más de los que puedo soportar. De todos modos no cambio el marcador de vida antes de recibir una respuesta, si la recibo.
Cada vez me siento más solo, más triste y más acabado. Es dificil afrontar tanta desazón, tanta falta de horizontes. Estoy anímicamente muerto. E intelectualmente agonizante.
Sólo me falta un pequeño empujón para dejarlo todo. Y sé que llegará antes de Junio. Será algo mecánico, como un accidente, o será una enfermedad. Pero será.
Ya soy un zombi, en todos los sentidos. Y los zombies no estamos completamente vivos.
Buenas noches y espero que no os pase lo mismo a vosotros nunca.
Cada vez me siento más solo, más triste y más acabado. Es dificil afrontar tanta desazón, tanta falta de horizontes. Estoy anímicamente muerto. E intelectualmente agonizante.
Sólo me falta un pequeño empujón para dejarlo todo. Y sé que llegará antes de Junio. Será algo mecánico, como un accidente, o será una enfermedad. Pero será.
Ya soy un zombi, en todos los sentidos. Y los zombies no estamos completamente vivos.
Buenas noches y espero que no os pase lo mismo a vosotros nunca.
jueves, 14 de febrero de 2013
Cada día me cuesta más seguir con vida.
Dicho así, suena muy fuerte, pero es la realidad. Más decepciones y menos ilusiones.
Hoy he tenido una fugaz ilusión antigua, que no puede ser permanente, y a la vez, una gran decepción más importante, porque era una de las ilusiones que me sostenía. Balance: +1 -5 = cuatro puntos de vida pérdidos.
Me quedan menos de cuatro meses, y empiezo a sentir la presión del tiempo. ¿Qué hago? ¿Lo apuro, como un loco, incumpliendo mis normas de vida? ¿Lo dejo pasar, y disfruto de lo poco que se puede hacer con él?
Vuelvo a decir que si esto fuese un blog real os pediría consejo, pero este sólo es un blog póstumo.
Buenas noches, que ya no me atrevo a decir buena suerte.
Dicho así, suena muy fuerte, pero es la realidad. Más decepciones y menos ilusiones.
Hoy he tenido una fugaz ilusión antigua, que no puede ser permanente, y a la vez, una gran decepción más importante, porque era una de las ilusiones que me sostenía. Balance: +1 -5 = cuatro puntos de vida pérdidos.
Me quedan menos de cuatro meses, y empiezo a sentir la presión del tiempo. ¿Qué hago? ¿Lo apuro, como un loco, incumpliendo mis normas de vida? ¿Lo dejo pasar, y disfruto de lo poco que se puede hacer con él?
Vuelvo a decir que si esto fuese un blog real os pediría consejo, pero este sólo es un blog póstumo.
Buenas noches, que ya no me atrevo a decir buena suerte.
martes, 12 de febrero de 2013
Más alegrías y más penas
Empecemos por lo malo: Otro, en este caso otra amiga, de mi edad, muerta la semana pasada y otro amigo con un cáncer del que tiene que ser operado. Dos grados menos de vida que se acumulan.
Y sigamos por lo bueno: un maravilloso viaje, del que os hablaba en la entrada anterior, y que empezó fantásticamente y me creó unas nuevas ilusiones que hacía tiempo que no sentía, pero, como no podía ser de otro modo, quedó en menos. Balance positivo, y sin duda inolvidable, hasta que todo se me olvide, pero incompleto.
Y todo por la falta de confianza en el futuro, que ya siento que no existe. Y cada día más. Quizás durante el viaje gané dos o tres grados de vida, pero al final y a la vuelta, casi los perdí.
Y ¿por qué? Pues por esa falta de confianza: no puedo acometer nada nuevo, porque sé, cada día estoy más seguro, de que no tengo tiempo para realizarlo. Y si, además, algo nuevo implica un riesgo, con menos motivos. Prefiero seguir bajando la cuesta, cobardemente, de mi vida.
Todos los días me planteo volver a impulsarme, pero siempre me vuelvo atrás. Y todos los días pasa otro día, con lo que me queda un día menos, y me queda menos impulso. Y todos los días ilumino nuevas ilusiones, pero cada vez son menos plausibles, más oníricas, más imaginarias.
Todos los días pasa otro día, y mi temperatura vital sigue bajando.
Buenas noches y, como siempre, buena suerte.
Y sigamos por lo bueno: un maravilloso viaje, del que os hablaba en la entrada anterior, y que empezó fantásticamente y me creó unas nuevas ilusiones que hacía tiempo que no sentía, pero, como no podía ser de otro modo, quedó en menos. Balance positivo, y sin duda inolvidable, hasta que todo se me olvide, pero incompleto.
Y todo por la falta de confianza en el futuro, que ya siento que no existe. Y cada día más. Quizás durante el viaje gané dos o tres grados de vida, pero al final y a la vuelta, casi los perdí.
Y ¿por qué? Pues por esa falta de confianza: no puedo acometer nada nuevo, porque sé, cada día estoy más seguro, de que no tengo tiempo para realizarlo. Y si, además, algo nuevo implica un riesgo, con menos motivos. Prefiero seguir bajando la cuesta, cobardemente, de mi vida.
Todos los días me planteo volver a impulsarme, pero siempre me vuelvo atrás. Y todos los días pasa otro día, con lo que me queda un día menos, y me queda menos impulso. Y todos los días ilumino nuevas ilusiones, pero cada vez son menos plausibles, más oníricas, más imaginarias.
Todos los días pasa otro día, y mi temperatura vital sigue bajando.
Buenas noches y, como siempre, buena suerte.
viernes, 1 de febrero de 2013
Una semana intensa
Esta semana ha sido intensa, tanto para lo bueno, como para lo malo.
Para lo malo, por la agravación de la debilidad de mi padre, que ya está a punto de convertirse en otra cosa distinta de lo que fué mi padre, y que incrementa, a la vez la debilidad de mi madre que es quién le sostiene.
Sentir esa situación me baja otros dos grados de vida.
Para lo bueno, que sentí durante unos días una ilusión que hacía tiempo que no sentía, pero que al final quedó en nada. El placer de sentirla fué tan intenso que cuando, al fin, se desvaneció, su rescoldo permaneció en mí, como una esperanza, como una quimera a la que aferrarme en mis sueños.
Sé que no es más que una ilusión, que, de realizarse, podría subir mi temperatura vital. Pero como es falsa, sólo la mantiene. Y eso no es poco. Y por ello, la aprecio, la deseo y la imagino posible. Aunque se que no tiene ningún viso de realidad.
Me quedan poco más de cuatro meses. Y no sé como utilizarlos. Si con locura o con mesura. Si con exaltación o reflexión. Si con paciencia y resignación o con todo lo contrario.
Si este fuese un blog real os pediría consejo, pero sólo vais a leerlo cuando ya no me podáis ayudar, así que no merece la pena.
Esta noche, si me lo permitís, voy a desearme buenas noches y buena suerte a mí mismo, que falta me hace.
Para lo malo, por la agravación de la debilidad de mi padre, que ya está a punto de convertirse en otra cosa distinta de lo que fué mi padre, y que incrementa, a la vez la debilidad de mi madre que es quién le sostiene.
Sentir esa situación me baja otros dos grados de vida.
Para lo bueno, que sentí durante unos días una ilusión que hacía tiempo que no sentía, pero que al final quedó en nada. El placer de sentirla fué tan intenso que cuando, al fin, se desvaneció, su rescoldo permaneció en mí, como una esperanza, como una quimera a la que aferrarme en mis sueños.
Sé que no es más que una ilusión, que, de realizarse, podría subir mi temperatura vital. Pero como es falsa, sólo la mantiene. Y eso no es poco. Y por ello, la aprecio, la deseo y la imagino posible. Aunque se que no tiene ningún viso de realidad.
Me quedan poco más de cuatro meses. Y no sé como utilizarlos. Si con locura o con mesura. Si con exaltación o reflexión. Si con paciencia y resignación o con todo lo contrario.
Si este fuese un blog real os pediría consejo, pero sólo vais a leerlo cuando ya no me podáis ayudar, así que no merece la pena.
Esta noche, si me lo permitís, voy a desearme buenas noches y buena suerte a mí mismo, que falta me hace.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)