martes, 22 de enero de 2013

Hoy me he enterado de la muerte de un compañero del colegio, de mi edad. No tenía relación directa con él desde hace años, pero teníamos amigos comunes. Acababa de cumplir los cincuenta, y a mí me faltan ya menos de seis meses.

La parte buena es que fué bastante rápido. Sólo seis meses desde el diagnóstico hasta el fin. La parte mala es que, quizás, tenía una interesante vida por delante, o quizás no. Ni él, ni yo, lo sabremos nunca.

Desde mi perspectiva, seis meses es bastante tiempo, pero no demasiado. Yo prefería seis días, a tiempo de despedirme de la gente que quiero, que no son tantos, pero sí muy queridos, y que sois todos vosotros. Seis horas sería demasiado apresurado y me crearía una ansiedad que no quiero tener en ese momento.

Hoy he estado pensando en qué pensaría hace seis meses cuando le dieron el plazo establecido para su vida. Y en qué pensaría yo en esa misma situación, que por otra parte, es en la que estoy, aunque nadie me haya firmado en un informe médico.

Y esa reflexión me ha llevado a confirmar el objeto de este blog, que es el de transitar tranquilamente por este periodo, sin más. Morir es sólo el fin de un proyecto de vida. Por lo menos, hay que hacer un buen cierre de proyecto y cumplir plazos.

En todo caso, la noticia de la muerte de mi compañero de colegio ha supuesto otro grado menos de mi temperatura de vida.

Buenas noches y buena suerte.

lunes, 14 de enero de 2013

De vez en cuando tienes una nueva ilusión.

Pero es, cada vez, una ilusión más pequeña. Los grados de vida bajan constantemente y empiezas a pensar más en mantener la temperatura vital y no enfriarte más, que en conseguir esa ilusión que te calentaría la vida mucho mucho más, pero que sabes que solo durará un poco de tiempo.

Eres viejo, y lo asumes. Sabes que tu cuerpo, diseñado para funcionar cuarenta años, empieza a fallar, y por mucho mantenimiento que le apliques, terminará fallando. Un cáncer, un infarto, un problema renal. Y tu cerebro, lo mejor que tienes y el elemento de tu cuerpo mejor diseñado para durar, también puede fallar por un Alzheimer que volverá a sumirte en la infancia.

Pero cuando aparece una nueva ilusión, te aferras a ella con pasión. Tu temperatura vital sube dos grados de golpe, e incluso más. Rejuveneces un poco. Te fijas objetivos a medio plazo (a largo plazo sería ridículo). Te levantas de la cama con más alegría, trabajas con más fuerza, haces más cosas nuevas, sonries más ...

Y, pese a todo, sabes, desde el principio, que no va a durar. Que es una vana ilusión, como la definiría un poeta. Pero te aferras a ella. Y sufres una fiebre puntual de vida.

Y la disfrutas. Pero cada vez menos. Y cada vez es más corta la temporada de fiebre. La subida de fiebre no puede igualar la temperatura vital que tenías hacie diez años. Y las fiebres ya duran cada vez menos.

La vida se apaga. Pero esos puntos de brillo que aún te quedan se aprecian cada vez más en el entorno del ocaso que te envuelve.

Buenas noches y buena suerte.


Lo peor es el frío.

Cuando te sientes triste y solo, lo primero que sientes es frío. Da igual que te abrigues, o que te metas en la cama con dos mantas y con la calefacción a tope.

Sientes frío. Sientes frío mientas esperas una frase amable que no llega, una caricia próxima, un beso que no puede llegar, un email, una sonrisa lejana, una ternura que añoras o en otra que nunca pudiste imaginar.

Sientes frío. Un frío que no cesa, que no te lo quitas de encima. Que se te mete en el cuerpo (lo del alma no es para mí) y te lo deja helado durante tres días hasta que vuelves a respirar hondo y a dejar de pensar en esas ilusiones que, ya lo sabes, no se van a realizar.

Después de olvidarlas, vuelve el calor. Poco a poco. Pero siempre con una rémora: ya has perdido un grado que tu cuerpo, o al menos el mío, no va a recuperar. Un grado menos de vida. Un grado menos de ilusión.

Y cuando se te vuelve a calentar el cuerpo lo intentas de nuevo, y con fuerza. Pero eres un grado más viejo, y eso no tiene vuelta atrás.

Buenas noches y buena suerte
Buenas noches de nuevo y buena suerte, con lo que está cayendo:

Ayer sólo mencionaba a mis amigos y amigas. Y hoy me apetece entrar en detalles. He tenido pocos amigos, de los de verdad, en mi vida. Vamos a dejarlo en uno o dos, como el chiste: ¿cuantas veces has estado en Nueva York?; ¡no me acuerdo, una o ninguna!

Bueno: sí que tengo un amigo de verdad, además de mi padre, y tenía otro hasta hace poco, pero desgraciadamente he has passed away (in the same way I will do very soon). En inglés queda mejor dar las malas noticias.

Sin embargo, he tenido muy buenas amigas. Y en primer lugar tengo que poner a mi mujer, que además de esposa, es mi mejor amiga, pero en la lista puedo poner a muchas más. A algunas las he conocido cuando era muy jóven. A otras después, a alguna hace muy poco. A la última que mencionar es a mi hija, que también es mi amiga, y de las mejores.

Debemos ser muy raros los hombres, porque no conseguimos consolidar las relaciones entre nosotros, mientras que las relaciones con las mujeres se asientan con más facilidad. Debe ser el instinto depredador, o la carencia de inteligencia emocional, o el esceso de testosterona, pero es una pena.

Vuelvo al principio: Buenas noches y buena suerte

jueves, 3 de enero de 2013

Buenas noches:

Ésta es una muy larga despedida, ya  que va durar seis meses. Pero creo que es nejor hacerlo despacio y sin prisas. Son seis meses los que me quedan y los voy a disfrutar todo lo posible.

Todos los que la recibís sois mis amigos, unos más íntimos y otros menos. Pero a todos os quiero.

Siempre supe que la vida es más corta de lo que a uno le gustaría, pero hay que disfrutarla. Mi máxima  siempre ha sido "vive mucho, muere joven y harás un bonito cadaver". Ya sabréis encontrar la película.

He disfrutado de una vida suficientemente agradable, amena, e interesante. La he disfrutado y la he compartido con muchos de vosotros en diferentes épocas. Gracias a todos por vuestra colaboración, aunque suene muy cutre la expresión.

Me quedan seis meses y no me da tiempo a cumplir las tres ilusiones que tenía para completar mi vida. Dos de ellas son privadas y no os las voy a contar. La tercera sí: ir a Nueva Zelanda. Creo que ya no me va a dar tiempo.

Como os he dicho antes: os quiero a todos. Seguiré escribiendo, mientras pueda, y luego, al final, os incluiré en la lista de distribución (que nombre más cutre).

Un abrazo a los chicos y un beso a las chicas.