lunes, 14 de enero de 2013

Lo peor es el frío.

Cuando te sientes triste y solo, lo primero que sientes es frío. Da igual que te abrigues, o que te metas en la cama con dos mantas y con la calefacción a tope.

Sientes frío. Sientes frío mientas esperas una frase amable que no llega, una caricia próxima, un beso que no puede llegar, un email, una sonrisa lejana, una ternura que añoras o en otra que nunca pudiste imaginar.

Sientes frío. Un frío que no cesa, que no te lo quitas de encima. Que se te mete en el cuerpo (lo del alma no es para mí) y te lo deja helado durante tres días hasta que vuelves a respirar hondo y a dejar de pensar en esas ilusiones que, ya lo sabes, no se van a realizar.

Después de olvidarlas, vuelve el calor. Poco a poco. Pero siempre con una rémora: ya has perdido un grado que tu cuerpo, o al menos el mío, no va a recuperar. Un grado menos de vida. Un grado menos de ilusión.

Y cuando se te vuelve a calentar el cuerpo lo intentas de nuevo, y con fuerza. Pero eres un grado más viejo, y eso no tiene vuelta atrás.

Buenas noches y buena suerte

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