Empecemos por lo malo: Otro, en este caso otra amiga, de mi edad, muerta la semana pasada y otro amigo con un cáncer del que tiene que ser operado. Dos grados menos de vida que se acumulan.
Y sigamos por lo bueno: un maravilloso viaje, del que os hablaba en la entrada anterior, y que empezó fantásticamente y me creó unas nuevas ilusiones que hacía tiempo que no sentía, pero, como no podía ser de otro modo, quedó en menos. Balance positivo, y sin duda inolvidable, hasta que todo se me olvide, pero incompleto.
Y todo por la falta de confianza en el futuro, que ya siento que no existe. Y cada día más. Quizás durante el viaje gané dos o tres grados de vida, pero al final y a la vuelta, casi los perdí.
Y ¿por qué? Pues por esa falta de confianza: no puedo acometer nada nuevo, porque sé, cada día estoy más seguro, de que no tengo tiempo para realizarlo. Y si, además, algo nuevo implica un riesgo, con menos motivos. Prefiero seguir bajando la cuesta, cobardemente, de mi vida.
Todos los días me planteo volver a impulsarme, pero siempre me vuelvo atrás. Y todos los días pasa otro día, con lo que me queda un día menos, y me queda menos impulso. Y todos los días ilumino nuevas ilusiones, pero cada vez son menos plausibles, más oníricas, más imaginarias.
Todos los días pasa otro día, y mi temperatura vital sigue bajando.
Buenas noches y, como siempre, buena suerte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario