martes, 26 de febrero de 2013

Cuanto más optimismo aparento, más triste me siento.

Es muy fácil encerrarte en tí mismo y darte vueltas a tu alma hasta que la aprietas tanto que la ahogas. Sobre todo si te ayuda el entorno. En un mes son tres personas conocidas de mi edad las que han muerto y a dos más le han diagnosticado un cáncer.

No es miedo a morir, que es lo que menos me importa. Es la pérdida de cobertura. De entorno. Parece que todo está ligado. Decaes físicamente y también emocionalmente. Necesitas cada vez más sentimientos intensos y encuentras más vacío alrededor.

Te refugias en tí mismo y te ves más vacío. Tu alma está ya estrangulada.

Y con un cuerpo maltrecho y un alma moribunda, caminas por la calle con la sonrisa cada vez más forzada, sabiendo que, antes o después, alguien se dará cuenta y descubrirá tu decrepitud, y que no podrás soportarlo.

La única esperanza es que no sea mañana, si no al menos, unos días más tarde.

No hay comentarios:

Publicar un comentario