Cuanto más optimismo aparento, más triste me siento.
Es muy fácil encerrarte en tí mismo y darte vueltas a tu alma hasta que la aprietas tanto que la ahogas. Sobre todo si te ayuda el entorno. En un mes son tres personas conocidas de mi edad las que han muerto y a dos más le han diagnosticado un cáncer.
No es miedo a morir, que es lo que menos me importa. Es la pérdida de cobertura. De entorno. Parece que todo está ligado. Decaes físicamente y también emocionalmente. Necesitas cada vez más sentimientos intensos y encuentras más vacío alrededor.
Te refugias en tí mismo y te ves más vacío. Tu alma está ya estrangulada.
Y con un cuerpo maltrecho y un alma moribunda, caminas por la calle con la sonrisa cada vez más forzada, sabiendo que, antes o después, alguien se dará cuenta y descubrirá tu decrepitud, y que no podrás soportarlo.
La única esperanza es que no sea mañana, si no al menos, unos días más tarde.
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